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Crónicas de partidos del Itzubaltzeta cadete
Temporada
2008 - 2009
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PARTIDOS |
| 18 de octubre de 2008 |
Bermeo - Itzubaltzeta |
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| 4 de octubre de 2008 |
Lekeitio - Itzubaltzeta |
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Bermeo 1 -
1 Itzubaltzeta
Crónica del
encuentro Bermeo – Itzubaltzeta (Cadete Preferente)
Creo que fue en la temporada 2004-2005 la última vez que los jugadores
del Romo nacidos en el 94, visitaron el campo de Penta. Eran alevines de
primer año; un equipo entonces entrenado por Eleder, muy ilusionante por
su calidad y por los resultados que obtenían y de los que, a fecha de
hoy, ya en cadetes, apenas quedan 6 ó 7 jugadores. Contra el Bermeo
siempre ganaban, en Penta o en Bolue, a pesar de que el delantero centro
del Bermeo, un mocetón que les sacaba la cabeza, les metía unos cuantos
goles. Los del Romo, siempre marcaban más y el mencionado mocetón al
final del partido, acababa llorando como una Magdalena. Recuerdo que
jugaba bien, era fuerte y hábil; tiraba incluso desde el centro del
campo al ejecutar el saque reglamentario cuando les marcaban gol. Luego
se lo llevó el Athletic y…como otros muchos, volvió a su equipo, el
Bermeo, con más pena que gloria un año después. Aquellos alevines, hoy
convertidos en cadetes han vuelto a Bermeo, al campo de Penta –nombre
puesto en honor de un veterano y autóctono masajista aún en activo-,
cuatro temporadas después. Un campo éste al borde de lo reglamentario,
por sus dimensiones, siempre difícil y en el que apenas se puede sacar
el balón jugado, favoreciendo pues el fútbol de presión.
La tarde invitaba a jugar al fútbol a la hora de los equipos grandes, a
la hora del café, copa y puro. Pero estábamos en Bermeo, al lado del
cementerio y en el bar del Club en el que, mientras seguíamos el partido
de Nadal, degustábamos un descafeinado “de sobre”, malo con avaricia; el
café de cafetera tampoco era vip, sino más bien todo lo contrario, de
los que pruebas uno y sales corriendo al baño. No es que quiera poner a
parir las instalaciones del Bermeo, pero los baños del bar, amplios
ellos, son de museo, vamos de los que hay que hacerlo en cuclillas, que
dicen que es más fisiológico, pero no deja de ser incómodo. Seguro que
algún hijo nuestro se sorprendió por desconocido y hasta lo confundió
con alguna ducha.
El partido empezó puntual, con el sol en contra. Pronto los jugadores
del Bermeo asediaron continuamente la portería del Itzubaltzeta,
entrando con demasiada facilidad por banda derecha y llegando a la línea
de fondo en varias ocasiones. El centro del campo del Itzu, no
funcionaba. Markel y Marro intentaban constantemente jugar con criterio
pero estaban sometidos a una presión agobiante. El balón les duraba
poco. Pocas veces he visto a “Pulga” tocar tan poco la pelota; todas le
pasaban por encima. Guillermo, fuerte como un toro, robaba pocas, pero
las perdía pronto. Las carreras de Julen con el capitán del Bermeo eran
ineficaces, sólo de desgaste, aunque desgastar a Julen es bastante
complicado, pues tiene mucha cuerda. Siempre las cogía el portero y
parecía faltarles campo. Preciosa la pelea continua entre ambos
jugadores, el de Bermeo seguro, sin fisuras, bien colocado, rápido y
contundente, sacaba todas las pelotas con buen criterio; el de Getxo,
rápido, explosivo, peleón en demasía, fuerte también e intratable. En
esta primera parte apenas se crearon ocasiones, ni se tiró a puerta, ni
se tuvo el balón controlado y a pesar de que la banda derecha era como
una autopista, el gol llegó por banda izquierda en una jugada que pilló
a Luis fuera de su sitio y que aprovechó el jugador número 7 del Bermeo
para batir a Iker en su salida. Yo creo que a partir de este momento el
Bermeo estaba seguro de que el partido lo iban a ganar con cierta
holgura y sin problemas. Desde la grada, lo vimos bastante mal, pues fue
una primera parte bastante mala y aparecida a la de la primera jornada.
Lo mejor era el pírrico resultado que los rivales habían conseguido.
Andrés, el aita de Julen, nos abandonó en la segunda parte y bajó a pie
de pista a insuflar aliento a los del Itzu. Sufre mucho en estos
partidos viéndole correr a su hijo constantemente; para nada, según él.
Los demás aguantamos estoicamente en nuestros fríos asientos. Laura la
escritora, pasaba de Bermeo a Manhattan con suma facilidad. Sólo leía,
pues el fútbol no le interesaba nada. Los jugadores descansaban sentados
en círculo mientras escuchaban al míster.
El caso es que algo serio tuvo que contarles o recriminarles Ibán, pues
en la segunda parte salieron más “enchufados” y jugaron con más
agresividad, con más seguridad y contundencia. Cambió a Hodei por Julen
y adelantó a Lander al centro del campo a pelear como siempre, por robar
un puñetero balón y Asier pasó a la posición de lateral. No sé si fueron
los cambios o que el Bermeo se relajó, pero el equipo funcionó mejor. Se
llegaba más fácilmente. En una jugada no muy brillante, un balón largo y
botón hizo que el capitán del Bermeo y el portero no se entendiesen y
Julen, que corría como un poseso a por él, metió la puntita de la bota y
elevó el balón hasta el fondo de la red. Fue el premio a la constancia y
la primera vez que ganaba claramente al central del Bermeo. Fue un gol
merecido que estimuló a los del Itzu. Se jugaron los mejores momentos
del partido ante un rival desconcertado y sorprendido por el gol y por
la reacción del rival. Fue entonces cuando salió de nuevo, el número
nueve; aquél mocetón que, en alevines, siempre les metía algún golito
marca de la casa. Y lo hubiera hecho, pero se topó con un Iker sobrado
por arriba y excelente por abajo, muy seguro y que sin duda y para mí,
fue el mejor del partido. Ya habían salido Ander, Pablo y Ugaitz que
aportaron frescura y pelea. El marcador pudo desequilibrarse si el
colegiado hubiera pitado un penalti de libro que cometió Pablo con
alevosía y por detrás. Pero el árbitro, miope seguro, creyó que la
entrada de Pablo fue limpia y deportiva. En los cinco últimos minutos se
tiraron 2 faltas al borde del área sin consecuencias y el Bermeo, en el
último suspiro ya, tuvo su gran oportunidad en un balón embarullado en
el área pequeña que Urbina in extremis, despejó como pudo.
Providencial el chaval. Casi nos quedamos helados.
En definitiva, otro empate, esta vez 1-1 que mantiene al Itzu con dos
puntos, con 1 gol a favor y 2 en contra, en los 3 primeros partidos de
una liga en la que tienen que bregar con jóvenes del 93. Al final, el
entrenador del Bermeo preguntaba incrédulo a un par de nuestros
jugadores si realmente eran todos del 94 o de si estaban mezclados. A él
también le debió gustar cómo se jugó y se peleó en la segunda parte.
Luis Labeaga (19 de octubre de 2008)
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Lekeitio 0 -
0 Itzubaltzeta
Crónica del
encuentro Lekeitio – Itzubaltzeta (Cadete Preferente)
Primer partido de la temporada 2008-2009 de un equipo de jóvenes
adolescentes nacidos en el año 1994 -el Itzubaltzeta Cadete- que, semana
tras semana, tendrá que bregar con auténtico oficio contra equipos
formados con jóvenes nacidos en el año 1993. La base del equipo es la
del Romo Infantil del año pasado, que aporta 12 jugadores, reforzados
con otros 9 magníficos jóvenes fichados del Arenas y del Colegio
Vizcaya. A todos los nuevos jugadores les damos la bienvenida, les
deseamos mucha suerte y estamos seguros de que su aportación al equipo
será muy importante. La coordinación deportiva ha adjudicado a este
equipo a un joven entrenador, Iban, quien con sus dos colaboradores,
Pablo y Dani, tienen la ardua tarea de continuar con la formación
deportiva de nuestros hijos, como digo, unos adolescentes descarados,
muy seguros de sí mismos y con una ilusión enorme por conseguir este año
hacer una buena campaña. Yo incluso, tengo ilusión por intentar
conseguir subir de categoría.
Llegué a Lekeitio justo 3 minutos antes de la hora prevista para el
inicio del partido. Lo hice desde Zarátamo donde poco tiempo antes había
dejado a mi hijo pequeño que mostrara sus habilidades futbolísticas
contra el Baskonia. Uno no tiene el don de la ubicuidad y debí elegir
entre ver el primer partido de Liga del Cadete o quedarme en Zarátamo
con el peque. Elegí el primero por aquello de la oficialidad y por poder
dedicaros luego con esta crónica. Allí en el campo, encontré a los
padres, conocidos y menos conocidos, sentados en perfecta hilera,
esperando al inicio charlando informalmente. Aún no percibo la dosis de
confianza necesaria entre nosotros pero intuyo que en breve estaremos
organizando una comida. Parece un grupo de buena gente. Repartí las
tarjetitas de los teléfonos y de los partidos a disputar y me senté en
la misma fila justo al extremo y detrás del banquillo. El partido
comenzó con puntualidad. Salieron los que el míster eligió y se quedaron
en el banquillo Beñat, Ander, Markel y Marroquín, quien por un despite
monumental, llegó a Lekeitio creyendo que el partido se jugaba a las
12:30 h. Yo no le culpo a su padre, Oscar, sino al propio chaval que no
se entera. Es la edad, todo lo dejan en manos de sus padres. Los demás
del banquillo, Jonan, los “Iñigos” y Pablo estaban tocados. No
aparecieron ni Imanol ni Ugaitz.
Desde los primeros 10 minutos ya se pudo apreciar que los gudaris del
Lekeitio no se caracterizaban por una técnica depurada, pero eran altos,
fuertes y correosos como la mayoría de los que forman los equipos por
esas áreas de la Vizcaya profunda. Además, en un campo de dimensiones
tan escasas había overbooking en el centro del campo, con las líneas muy
juntas, en donde Lander destacaba por su trabajo a destajo, metiendo
siempre la puntita de su bota ante cualquier rival, sin importarle el
tamaño. “Pulga” anduvo algo más despistado viendo pasar los balones por
encima de su cabeza, aunque peleó como suele ser habitual en él. No se
podía elaborar ninguna jugada con tres pases seguidos, pues si hacías un
mal control –hecho muy habitual en estas edades-, el balón se iba un
metro y siempre había un rival para recuperarlo. Pero, le pasaba al
Lekeitio y al Itzubaltzeta. Poca técnica, mucha imprecisión y el control
de la pelota brillaba por su ausencia. A quien más le duraba era a
Urbina quien, con su rapidez, intentaba marcharse con el balón
controlado por banda derecha. Era muy difícil acabar la jugada. Durante
el primer tiempo no se generó ninguna ocasión clara, tan solo un
probable penalty por mano de un defensor del Lekeitio. Penalty que el
arbitró, en el descanso, curiosamente reconoció haberse cometido al
propio Iban, pero no lo pitó; interpretó ley de la ventaja con claro
beneficio al infractor. Julen y Guillermo estuvieron bien, haciendo
presión continua a la defensa rival. Junto con “Etxebe” ayudaron también
con eficacia en defensa bajando hasta la propia área a recoger rebotes e
impedir el tiro fácil de los del Lekeitio. En esta primera parte, y a la
postre también en la segunda, el jugador que creó más peligro fue el
portero del Lekeitio con sus potentes saques que obligaron en un par de
ocasiones a salir fuera del área a Iker. En una de ellas chocó contra
Jon Iñaki y casi lo manda al vestuario con un golpe fortísimo en el
plexo solar. Los defensas del Itzu se emplearon a fondo, con una
actuación destacada por su contundencia y concentración. Sobresalieron
los cuatro en su labor de contención y de sujeción al capitán del
Lekeitio, el número 10 –Aitor-, que se caracterizaba por sus agarrones,
marrullería e intentos de sacar de sus casillas a cualquier rival. Se
atrevió también con Iker. Fue el jugador más pitado y abroncado por la
hinchada del Itzu, siempre sin insultar, como debe ser. Partido
disputado en la primera parte y sin goles.
Por ausencia de chiringo, durante el descanso merecido, no se pudo tomar
ni una triste caña y tuve que sacar el paquete de caramelos de limón y
tomillo que en un abrir y cerrar de ojos quedo reducido al envoltorio de
celofán. Parece que se ha corrido la voz de que tienen un buen sabor y
todo dios los prueba. He de deciros que sólo llevaré y ofreceré un
paquete por partido.
Segunda parte. Salen los mismos jugadores, pero ya calientan, “Marro”,
Markel y Ander. El árbitro seguía tan parlanchín como lo fue en el
primer tiempo. Hablaba y comentaba todas las jugadas y ofrecía a los
jugadores y entrenadores, razonamientos de todas sus decisiones. Un tipo
atípico y pintoresco que ya conocíamos de otras temporadas. No estuvo a
la altura; sacó 4 tarjetas y al final no las reflejó en el acta por no
sé que peregrinas razones. Los primeros 10 minutos el Lekeitio achuchó y
encerró al Itzu en su área, pero sin pasar demasiados apuros. Algún
padre agorero creyó que el gol del Lekeitio no tardaría en llegar.
Afortunadamente, los delanteros rivales tiraban mal, sin fuerza y
desviado. No fue muy diferente a la primera parte. Mucho despeje, poco
balón por el suelo, mucha imprecisión, malos controles y pocos tiros a
puerta. Uno de ellos, de Lander, se quedó colgado en un inmenso chopo
que custodiaba la portería. Ya habían salido los tres jugadores del
banquillo en sustitución de “Pulga”, Etxebe y Urbina. No desentonaron en
su debut. En los últimos 15 minutos el Itzu dispuso de tres faltas al
borde del área lanzadas por Hodei, Markel y Guillermo, pero como suele
ser habitual, se lanzaron fuera. En estas edades el encontrar a un par
de chavales que “claven” este tipo de faltas es muy complicado. Hubo
buenos saques de banda y algún córner que crearon cierto peligro, pero
al final nos tuvimos que conformar con un empate sin goles que dejó
contentos a todos. Fue un partido muy disputado, fuerte, que exigía
esfuerzo y concentración y los jugadores del Itzu ofrecieron todo esto
en un día bonito para jugar al fútbol. Iban, el entrenador, no paró de
dar órdenes a los jugadores, resituándolos continuamente y corrigiendo
sus posiciones y marcajes en cada jugada de estrategia. Eso me gusta;
exigir trabajo de manera educada y sin mostrar un enfado como si
estuviera jugándose la vida en cada partido. Hay que quitar hierro a los
errores de los jugadores y relativizar los resultados en el fútbol. A
todos nos irá mejor y los chavales formarán un buen equipo con él, de
eso estoy seguro.
Al final, mientras esperábamos a que salieran nuestros hijos, un
lugareño osado y ante nuestros atónitos ojos, trepó por el altivo chopo
y apoyándose en sus ramas, ya otoñales, recuperó el balón que, minutos
antes había colgado Lander. Una hora después llegábamos a casa sin
habernos tomado ni un triste pincho.
Luis Labeaga (5 de octubre de 2008)
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