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AFIRMACIÓN 1ª: Los padres se equivocan, el entrenador
se equivoca, el jugador se equivoca, yo me equivoco y el árbitro…también
El estamento arbitral
es, sin duda alguna, el más vapuleado de todos los que componen el
espectáculo futbolístico. Tanto a nivel profesional como a nivel amateur
se les exige un rendimiento óptimo durante la totalidad del tiempo que
dura un partido. Esta petición, llevada al extremo de la exigencia,
choca en algunos casos con la realidad psicofísica del individuo, y en
concreto con las limitaciones cognitivas del ser humano.
Según datos extraídos
de la investigación llevada a cabo por Juan Botella y Antonio Palacios,
cuando los sujetos se enfrentan a la tarea con dos estímulos visuales
(balón - jugador) se produce una ligera tendencia a cometer más
falsos positivos que negativos, es decir a pensar que el jugador
está en fuera de juego cuando en realidad no lo está. Además, si la
distancia es menor de 80 cms es esperable que los observadores se
equivoquen en, al menos, una de cada cuatro ocasiones. En
personas muy entrenadas, la distancia podría reducirse a 45-50 cms.
Estas conclusiones, nos indican que, la realidad, cognitiva de los
seres humanos limita las posibilidades de éxito en determinadas tareas,
si bien es cierto que determinadas estrategias atencionales pueden
ayudar a reducir el número de errores.
Este estudio se llevó a
cabo para el análisis de la norma del fuera de juego, atendiendo
principalmente a los árbitros asistentes, así que, añadamos a la propia
dificultad individual de cada persona, el hecho de que en la mayoría de
las categorías de fútbol base los colegiados no disponen de la ayuda de
estos árbitros asistentes.
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AFIRMACIÓN 2ª: “El de negro también tiene emociones”
El número de errores
cometidos por los árbitros en un partido de fútbol es, en líneas
generales, significativamente menor que los cometidos por cualquier
jugador. El problema radica en la trascendencia que le otorgamos al
mismo. Como entrenadores, aficionados, directivos… debemos tratar de
entender que la labor arbitral se desarrolla en un marco
tremendamente estresante como es el de la competición. Veamos un
ejemplo de este aspecto:
Un árbitro expulsa a un
jugador local al inicio del partido por doble tarjeta amarilla. Los
jugadores del equipo sancionado se quieren comer al árbitro, el graderío
estalla, el banquillo salta al campo a increpar su actuación. El árbitro
no rectifica, pero duda haber hecho lo correcto. El partido continúa y
cada acción es protestada con insistencia. Su ansiedad aumenta y su
capacidad atencional se estrecha.
Esta situación provoca
que su rendimiento en competición se vea seriamente mermado. No es una
situación distinta a la del resto de competidores: Entrenadores y
jugadores también ven perjudicada su actuación por las demandas que se
les exige.
Las variables
psicológicas, fundamentalmente las relacionadas con la tolerancia al
estrés son fundamentales para un desarrollo profesional adecuado en
el mundo arbitral.
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AFIRMACIÓN 3ª “Los equipos no sufren conspiraciones
masónicas en su contra por parte del colectivo arbitral”
Su hijo /a no pierde
porque el árbitro se equivoca, y mucho menos porque el árbitro sea
partícipe de una conspiración masónica contra su equipo. Tratar de
inculcarles esta idea de manera directa o a través de formas y mensajes
mucho más sutiles no ayuda en absoluto al crecimiento deportivo de
nuestros jugadores. Es más fácil imputar la responsabilidad de un
hecho en un tercero con el que no tenemos vínculos afectivos
precisamente, que hacerlo con “el niño de mis ojitos”. Igualmente como
entrenadores, nos resulta más cómodo adelantarnos a los acontecimientos
y catapultar todo nuestro desasosiego interno en las maldades “del que
va a ir al río” que en el análisis de todos los errores cometidos desde
el primer día de entrenamiento y hasta el pitido final del último
partido.
Sin duda los árbitros
cometen errores, y, en ciertas ocasiones, condicionados por las
limitaciones físicas y psicológicas del organismo y por la propia
condición humana del mismo. En la búsqueda del verdadero profesional hay
que trabajar mucho y hay que aceptar que en su propia naturaleza se
hallan virtudes y defectos.
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