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No todo es estrés. Se observa con demasiada
frecuencia en la sociedad que vivimos un abuso del síndrome de estrés
como excusa idónea a la hora de afrontar nuestros problemas. El estrés
puede convertirse en una enfermedad lo suficientemente importante como
para que andemos jugando con ella alegremente. Es cada vez más habitual
oír de nuestros jugadores términos como: “Es que el entrenador me
bloquea”, “es que ya no aguanto más, es demasiada la exigencia”.
Son los jugadores del “ESQUE”. Siempre tienen a mano una excusa que
les impide desarrollar su juego en plenitud, y la favorita de ellas es
la que recurre al entrenador como TOTEM de todos sus problemas. De hecho,
probablemente, si no estuviera el entrenador, ese jugador sería
internacional absoluto. Muchas de estas respuestas por parte de los
jugadores, están alimentadas desde casa por padres que utilizando como
fórmula la hiperprotección (…esa pequeña forma de maltrato)
refuerzan en sus hijos la idea de que efectivamente “el problema no
eres tú, sino el tirano del entrenador”, sumando así un nuevo inválido
emocional a nuestra sociedad. Gracias a Dios, la mayoría de los padres
no son así.
No se
quiere más a alguien por decirle lo que quiere oír. A veces, hay que enfrentar a las personas a su propia realidad y
hacerles ver que uno no es perfecto y que comete equivocaciones. Muchos
jugadores de hoy en día no aceptan las correcciones, tienen una bajísima
tolerancia a la frustración y se paralizan al primer contratiempo.
Durante varias semanas hemos insistido en la idea del reforzamiento como
método básico de aprendizaje, pero esto no conlleva que al jugador no
haya que corregirlo y no haya que hacerlo pasar por situaciones de
dificultad que ha de resolver para crecer como futbolista y como
persona. Poco bien hacemos al jugador tratando de meterle en nuestra
burbuja de cristal, evitándole cualquier tipo de frustración
emocional. Necesitamos que
nuestros jugadores sean más fuertes psicológicamente, que aumente su
capacidad de sacrificio y que el umbral de la frustración sea más
elevado. Y esa labor no es sólo del entrenador, ni es válida únicamente
para el fútbol.
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