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A lo largo nuestra vida la sociedad nos ofrece la
posibilidad de aprender cantidad de cuestiones. Nos enseñan a sumar, a
conducir un coche, a cocinar, incluso a jugar al fútbol (a veces no tan
bien como desearíamos). Sin embargo, esta misma sociedad tan preparada
para unas cosas no nos enseña ni unas mínimas nociones sobre cómo
educar a nuestros hijos (poco a poco se empiezan a ofertar algunos
cursos). Los padres se encuentran de esta manera en una situación de
indefensión y tratan de hacerlo lo mejor posible desde la buena
voluntad y el amor para con sus hijos /as. Confiar nuestros hijos a una
persona ajena resulta duro para algunos padres y madres. De manera
inconsciente pensamos que nadie mejor que uno puede educar a nuestro
hijo /a. Proyectamos nuestros temores en el entrenador, a veces con
pensamientos de miedo (“¿y si le pasa algo a mi hijo?) otras dejando
en entredicho las cualidades del mismo (“es que no tiene ni idea”).
Este punto es un ejercicio de ruptura con los lazos filiales que nos
unen a nuestros pequeños, y cuyo paso es importante dar para comenzar
el proceso hacia la autonomía del niño /a.
Ø
El éxito consiste en esforzarse al máximo
Un necio es aquel que
sabe el precio de todas las cosas y el valor de ninguna. Nos han enseñado
a valorar a la gente por lo que consiguen y lo que tienen, no por lo que
son. Es difícil aceptar las frustraciones que inevitablemente sufren
nuestros hijos en el ámbito deportivo, también es complicado aceptar
como padres que nuestros hijos tienen una serie de limitaciones físicas,
técnicas, biológicas, psicológicas o de otra índole que, en
ocasiones, les impiden desarrollar determinadas actividades con precisión.
Pero es importante que las aceptemos con la mayor naturalidad posible y
cuanto antes, ya que a partir de esa renuncia al “hijo perfecto”
podremos ayudarle a superar sus limitaciones y, si no es posible, a
convivir con ellas de forma natural. Es más importante dedicar algún
tiempo a hablar y compartir con nuestros hijos sus inquietudes que
recriminar constantemente desde la banda los errores cometidos: Lamentablemente
usted no puede jugar, seguro que lo haría muy bien... pero esta partida
la juegan otros.
Ø
Porque pierde, porque falla ¿ Por qué se enfada
usted?, ¿por qué grita como un energúmeno?
Con la mejor
intención del mundo, a algunos padres y madres les supera la actividad
deportiva. Muestran conductas carentes de todo tipo de autocontrol y al
tiempo, exigen calma a sus hijos. Es curioso, piden lo que ellos no
saben dar. Otros, se enchufan a su play station particular y radian el
partido como Butanito en sus mejores tiempos. No se les escapa un
detalle, saben de controles, pases, desmarques, repliegues,
contraataques... sólo un error: No dejan tomar decisiones a sus
protagonistas. No les dejan ni equivocarse. Proyectan su fracasada vida
deportiva en la tierna inocencia de sus criaturas, no permitiéndoles
que sientan el vacío del fracaso que ellos padecieron. Otro error: Para
aprender a andar hay que caerse y frustrarse, si no se lo permitimos les
condenaremos a la sillita de ruedas eternamente. Todo esto parte de una
pequeña y sutil forma de
maltrato que se llama hiperprotección. El concepto de tolerancia
a la frustración me parece de vital importancia en el deporte. Es
entender el fracaso como parte de un proceso de maduración y
aprendizaje.
Los padres y
madres son FUNDAMENTALES en
el fútbol. Mi enhorabuena a esa mayoría de padres y madres que con sus
actuaciones benefician el porvenir deportivo de sus hijos

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