VI Torneo BENJAMÍN “Juega con nosotros”. Santander 6-8 abril 2007

 

Como cada año, el Racing de Santander, en sus instalaciones deportivas de La Albericia, organiza un Torneo de Alevines y Benjamines que llama “Juega con nosotros”, con el único fin de ver jugar a niños que le puedan interesar para incorporarlos a su propia cantera. A dicho Torneo habitualmente suele invitar a un par de equipos vascos y entre ellos al nuestro, al ROMO FC, cuyas relaciones con el Racing son excelentes, no en vano y desde hace varios años, el Racing es un equipo habitual en el Torneo Juvenil de Navidad que se organiza en Gobela.. Sabíamos desde hace tiempo que íbamos a asistir y los niños estaban encantados y excitados de poder participar en él, pues conocerían a equipos de otra comunidad que no sabían ni que existían. Pero la participación en el Torneo de La Albericia no estaba exenta de sacrificio para niños y padres. Así, con más pena que gloria, hoy, día de Viernes Santo, nos hemos levantado de madrugada, hemos apurado un desayuno obligado y con sueño, sin peinar y bostezando, hemos arrancado el coche con destino Gobela. Apenas nos hemos cruzado con nadie; sólo un par de aficionados al ciclismo eran junto con nosotros, los únicos pobladores activos del barrio de Romo. Pocas veces lo he cruzado de un tirón, sin parar y sin precaución. Puntuales, a las siete y cuarto, todos en Gobela, incluído el míster Eneko. Organizamos nuestra propia procesión rumbo a La Albericia: delante los “Santis” abriendo brecha, después yo, con el míster, Gonzalo y Unai, a continuación la familia del delegado al completo, aitites incluídos y finalmente nuestro particular “cachorro” acompañado de su madre, su amigo Adrián y la madre de éste Ainara. No llovía, apenas había tráfico por la autovía y en amena conversación, en una hora y 10 minutos, los “Santis” que parecían tener un GPS en la cabeza, nos llevaron magníficamente y sin errores hasta el barrio de La Albericia. Allí, estaban esperándonos ya Oier y compañía que desde Llanes se habían unido con nosotros. Al poco de aparcar, llamada sorpresa desde Santander; el último coche de la procesión, el que llevaba al “cachorro”, se había perdido. Tras comentar entre nosotros, los machistas, lo mal que se orientan algunas mujeres al volante, aunque lleven mapa, se les dio instrucciones precisas para llegar, pero siguieron a su bola, disfrutando de un Santander sin coches para ellas solas. Hasta tal punto se perdieron, que un lugareño amigo de Iñaki, se ofreció a ir a buscarlas no sin antes pedirles por favor, que no se movieran de donde estaban, no fuera a ser que le perdieran también a él. Mientras tanto Mikel y Ander con sus aitas se habían incorporado al vestuario. Solo faltó Jon Goitia. Eran ya las nueve y cuarto y el primer partido comenzaba a las 9 y media. Hacía un precioso día, soleado y no muy frío y los padres fuimos tomando posiciones en el campo 3 de La Albericia.

 

El primer rival Bansander, fue sin duda el más duro y uno de los favoritos para ganar el Torneo. Salimos con la camiseta roja habitual, pero tuvimos que cambiarla por la negra. Antes de darnos cuenta, ya perdíamos por uno a cero; los nuestros con su habitual desconcierto al inicio de la mayoría de los partidos no se enteraban. A los 5 minutos el segundo gol. Eneko les daba instrucciones moviéndose de aquí para allá, nervioso, intentando recomponer y animar al equipo. Aplicándose en defensa consiguieron abortar los ataques del Bansander. A cinco minutos del final, una falta al borde del área, algo escorada a la derecha, fue lanzada por el “cachorro” con su habitual maestría y entró llorando y botando por la derecha del portero rival. Al final de los 20 minutos reglamentarios, se perdió 2 – 1. De inmediato, a ejecutar el uno contra uno, un campeonato que le gusta a los niños, pues participan incluso los porteros y demuestran sus habilidades cara al gol. Después, el míster optó por llevarlos al vestuario para la charla; la necesitaban.

 

Los jugadores salieron más entonados y el segundo y tercer partido, contra La Encina y Peña Respuela respectivamente fueron un calco, pues los rivales fueron muy asequibles e incluso por tamaño, creo que tenían niños más pequeños, pues Gonzalo, que no es un rompe-tallas era más alto que algunos de éllos. En cualquier caso siempre cuesta ganar a cualquier rival. Iñigo metía todo lo que lanzaba; de los 6 goles que se marcaron entre los dos partidos, 4 fueron del “cachorro” y de ellos, 3 de lanzamientos de falta, las metió desde cualquier sitio y ángulo. Era su torneo y estaba en su salsa. Estábamos hacia la mitad del tercer partido cuando primero Mikel y después Unai Zabalza -a quien Eneko llama con guasa “guaperas”, por aquello de su look, siempre repeinado incluso en los entrenamientos-, se acercaron a la banda porque tenían ganas urgentes de visitar al baño. A Mikel se le pasó tras 5 minutos de descanso en posición fetal, pero lo de Unai debía ser de verdad urgente, pues preocupado por la posible falta de papel, tuvo que ir al excusado de forma rápida con un paquete de kleenex que alguna madre compasiva, le ofreció. Volvió veloz y sustituyó a Ander quien pidió el cambio por flato. Cuatro a cero en el tercer partido y Oier y Adrián eran los únicos que habían metido todos los goles en el uno contra uno y continuaban en el campeonato.

 

Eran ya las doce del mediodía cuando decidimos catar las viandas que habíamos llevado. Sobre las bolsas de deporte del ROMO, apoyadas sobre el vallado metálico que circundaba el campo 3, las madres dispusieron todo el arsenal de jamón, salchichones y chorizo, mientras en una esquina Santi racionaba dos tortillas de patata sin cebolla que había hecho la noche anterior. Del pan se encargó Sofía que minutos antes lo había comprado literalmente en el kiosko de la esquina. Ainara demostró su maestría al untar de paté unos cuantos panecillos que amablemente ofrecía a modo de canapé con simpatía de camarera experimentada. Fueron los mejores minutos de la mañana; dimos buena cuenta de todo mientras los niños degustaban las barritas energéticas, plátanos y chocolate regado todo con gatorade de naranja y agua que Olatz había comprado el día anterior. El aita de Mikel intentó en vano aclarar su voz de cazallero consecuencia sin duda del excesivo tabaco y de unos cuantos gritos en los partidos anteriores. Un flojeras.

 

Con la barriga medio llena vimos el último partido de la mañana, contra el Revilla que se adelantó en el marcador para acabar perdiendo por 2 – 1 gracias a los goles de Iñigo y Adrián, a quien Eneko, cariñosamente le llama “ronaldinho”. Final de los partidos matinales. Los niños se van a la ducha antes de comer y Jose, el delegado, en un ataque de responsabilidad y sensibilidad, que agradezco, decidió quedarse con el equipo y cederme la posibilidad de comer con todos los aitas.

 

Llegamos al restaurante tras conducir por innumerables rotondas y aparcar al pie de una obra. Un restaurante realmente pintoresco de cuyas paredes colgaban carteles pintados con tizas de colores anunciando desde ancas de rana rebozadas hasta tournedó de canguro, una sofisticación impropia de esos lugares. Pero lo mejor estaba por descubrir, pues accediendo por la mismísima barra del bar, nos ubicaron en una especie de trastienda en penumbra, con intenso olor a canela en rama, que aún conservo, atiborrada de haces de gramíneas colgadas boca abajo, mazorcas de maíz, especieros varios, aperos de labranza antiguos, mezclados sin orden ni concierto con cedazos, jarritas y cazuelas de barro, trozos de madera de embalaje de botellas de vino con el nombre de la bodega pirograbado y cientos de botellas de vino y otros licores que junto con 4 cubas de roble americano cuyo contenido desconozco, daban al restaurante un aire cálido, íntimo y casi deciochesco. Sobre una mesa corrida, cubierta por un mantel de papel a cuadros verdes, fueron sirviendo los boquerones, pulpo, ventresca, ensaladas varias y setas con jamón. Juntos o más bien pegados y en informal y animada charla fuimos agotando las raciones una tras otra mientras se vaciaban otras tantas botellas de crianza viña Alcorta. Rosi, la amama de Álvaro, situada en el centro de la mesa, no dejaba de yantar y de llenar la copa de Ainara que la tenía a su diestra, mientras reprochaba a su marido lo charlatán que era. Algunos no pudimos con los postres, pues habíamos medio llenado la panza con el amaiketako de las doce, pero otros no se cortaron al pedir tiramisús, queso con membrillo y otros manjares. En este menester, debemos destacar a Olatz quien rabañaba el tiramisú con auténtica devoción. No quedaba a la zaga Begoña, que en un abrir y cerrar de ojos mandó al michelín correspondiente una ración de quesuco con nueces y sin miel que había dudado en pedir. En fin que entre cafés y chupitos que debimos apurar aceleradamente, llegó la hora de regresar a La Albericia a aguantar estoicamente los tres partidos que aún restaban por disputar. Los niños, el míster y nuestro sacrificado delegado no habían tenido tanta suerte con la comida: espaguetis blandos embadurnados en tomate de lata y pollo demasiado asado. Menos mal que Unai el “guaperas” les deleitó con un “get up” de James Brown mientras contorneaba su esbelto cuerpo.

 

Llegamos cuando justo empezó el primer partido vespertino. Pronto vimos que el rival Colindres, era modesto. Pero los nuestros estaban pastosos, sin ideas, quizá confiados en ganar si pitaban una falta al borde del área e Iñigo la enchufaba. Pero no pudo ser y desde fuera del área marcó el rival el único gol del partido. Eneko no podía creer las ocasiones que se fallaron y responsabilizó del desaguisado a los espaguetis. El segundo partido contra el Amistad fue un recital de fallos, cansancio e impotencia. El Amistad sólo nos metió 3 y los aitas estábamos deseando que acabase. Mientras tanto, en el campeonato uno contra uno, cayó eliminado Oier y sólo quedaba “ronaldinho”. Los nuestros repusieron fuerzas con chocolate y barritas energéticas y salieron –yo creo que sin demasiadas ganas- a disputar el último parido contra el San Vicente, otro rival asequible pero que comenzó metiéndonos un gol a los tres minutos de empezar. Daba pena ver a “espinis” Gonzalo, un portento físico que derrocha velocidad y pundonor, agachado, con las media bajadas y apoyando sus manos sobre las rodillas. El delgado para esta hora lucía enrojecidas su amplia frente y nariz.

 

No se les puede pedir más a diez niños que jugaron 7 partidos de 20 minutos y que cumplieron en exceso, que estuvieron perfectos en la mañana y que sin duda, la escasez de jugadores hizo bajar el rendimiento tras la comida. En la final del campeonato uno contra uno quedó Adrián y eso que le habíamos aconsejado a Ainara que obligara a Adrián a fallar en el último intento. Como premio, eligieron a Santi como portero para intentar amargar a los delanteros habilidosos que quedaban en este campeonato. Menos mal, que la organización en un ataque de cordura, decidió disputar la final del uno contra uno esa misma tarde, pues si no, Ainara ya se veía en el autobús de línea al no convencer a nadie para que la trajera de nuevo el domingo. Y lo intentó con tenacidad aludiendo a la manida frase de ¿“somos o no somos un equipo”?. Pero evidentemente teníamos otros planes para el domingo. Adrián no acertó en sus dos últimos intentos de marcar ante el portero y ahí se acabó la tarde futbolística. Yo, me tuve que volver con el paquete de mazapanes de soto sin empezar porque nadie tuvo la gentileza de aceptar mis innumerables ofrecimientos. Desagradecidos. Lo tendré en cuenta.

 

Un paisano se ofreció a sacarnos de La Albericia y ponernos justito en la Autovía de Bilbao. Y de nuevo de procesión, esta vez sin posibilidad de pérdida del “cachorro” y con la alegría sincera de no tener que volver el domingo. De verdad que creía que “espinis” y “guaperas” iban a quedarse dormidos en mi coche pero comenzó Eneko a contarnos sus venturas y desventuras con el Athletic y sus múltiples y variadas operaciones de rodillas, que mantuvo a ambos tan ensimismados que no pestañeaban, ni reían, ni daban la lata. Un regreso a Gobela sin problemas ni sobresaltos.

 

Luis Labeaga (7 de abril de 2007)